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jueves, 2 de abril de 2015

PAUSA

En menos de dos meses, la liga habrá exhalado su último suspiro. Dos meses. Ése es el tiempo que tiene el fútbol para juzgar el trabajo de los equipos. Así que la pausa que la competición oficial se ha tomado para celebrar su semana de pasión sirve para mirar adelante y jugar a pronosticar los partidos a los que se les puede arañar los puntos que sumen la salvación.

En este intervalo, el Almería tendrá que jugar diez partidos de los cuales seis los disputará en casa. Siendo objetivos y atendiendo a la estadística general al jugar en terreno propio, diríamos que el calendario ha sido generoso con el equipo, aunque si nos fijamos en los números que el Almería presenta en esta campaña como local, habría que echarse a temblar. Pero los finales de liga tienen algo quimérico que suele oponerse a la lógica, así que habrá que confiar en el equipo. Confiar en la calidad de jugadores como Corona, el buen momento de Wellington, en la experiencia de Soriano, los chispazos de Édgar y, sobre todo, el trabajo en equipo.

También Tebas y Villar han aprovechado esta pausa para poner a punto sus armas de cara a la enésima riña que los enfrenta. Una pelea nueva con argumentos viejos. De cara a la galería, los dos grandes dirigentes del fútbol patrio formaron a principios de marzo una comisión mixta para establecer un frente común que se ofrecía a los clubes como negociador. Porque lo que está en juego es el futuro de los clubes a través del famoso decreto que tiene que equilibrar el reparto televisivo; un reparto que está en el aire en mitad de esta pelea anárquica.


De este último combate, Tebas se presenta como ganador. El de la liga ha conseguido que los clubes firmen un comunicado que le da la victoria parcial. Pero Villar es un perro viejo que no va a dejarse tumbar. Así que el fútbol vuelve a los estadios con ruido de sables de fondo. Éste  es el calibre de los que tienen que tomar las decisiones. Pero al Almería le toca jugar para que parezca que su camino lo trazan su fútbol y los resultados.

miércoles, 4 de marzo de 2015

FIFA


Ya en la década de los ochenta del siglo pasado, poco después de que se celebrara en nuestro país el Mundial, el fútbol jugaba un papel similar en la sociedad al que juega a día de hoy. Por eso, todos los actores que conformaban el elenco que hacía posible la competición nacional –la Liga– concluyeron que no cabía otra posibilidad que no fuera profesionalizar la primera y la segunda división del fútbol de nuestro país. Pero cómo ejecutar ese plan generó una serie de fracturas entre los equipos involucrados y la Real Federación de Fútbol Española (la RFEF) que se saldó con la creación de la Liga Nacional de Fútbol Profesional (la LFP), con personalidad jurídica y autonomía propia, pero adscrita a la Federación.

Desde entonces, la relación entre ambas instituciones ha sufrido altibajos, hasta llegar al día de hoy donde los máximos dirigentes de ambos organismos –Ángel María Villar, de la RFEF, y Javier Tebas, de la LFP– se dirigen descalificativos personales e insultos a poco que a cada uno se le pregunte por el otro.

Por eso, cuando la semana pasada la FIFA pidió a la RFEF que quitara tres puntos al Almería por el supuesto impago de los intereses que el equipo tenía que pagar al Aalborg por el traspaso al Copenhague del jugador Jakobsen –que parece ser que no ha sido tal y que, en cualquier caso, ni siquiera llega a los cinco mil euros–, y tras manifestar la LFP que el Almería no tenía nada de qué preocuparse, estaba claro que este asunto se iba a convertir en un nuevo pulso entre los gallitos que dirigen, cual cortijos, sendas instituciones.

Lo malo de todo esto es que da igual que el Almería tenga o no tenga la razón. Tampoco parece importar que las partes implicadas estén a la espera de que el TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo) se pronuncie. Lo único que parece tener sentido es la capacidad de contradecir al otro de Villar y Tebas. Tal para cual y cual para tal. Mismo perro con diferente collar. Y mientras, el Almería, a verlas venir.