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miércoles, 15 de abril de 2015

GALEANO


“La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber”. Con esta frase empieza el libro de Eduardo Galeano El fútbol a sol y sombra. Éste es el resultado creativo de un escritor tremendamente lúcido que supo mirar al deporte rey con la clarividencia de un intelectual y la pasión de un hincha. Decía que, como todo uruguayo, le hubiera gustado ser futbolista, pero que, por suerte, la palabra le dio lo que el balón le negó. Así que como modo de expiación, se dedicó a escribir sobre fútbol.

Y traigo a Galeano a esta columna porque esta semana ha fallecido a causa de un cáncer de pulmón. Por eso y porque este remate le debe mucho al escritor uruguayo. Nadie como él interpretó la belleza del fútbol y puso voz al pensamiento de muchos aficionados. Su juicio crítico sobre el devenir de este deporte, la sutileza en el hastío del juego uniforme, el afilado acierto en la definición que le daba a los elementos que componen el fútbol y la defensa de la belleza como expresión del juego porque sí. Todo eso le debemos a Galeano. Y todo eso se lo ha regalado al fútbol. Así que sirva éste como mi humilde homenaje al escritor que, además, nos hizo entender la historia política de América Latina con sus venas abiertas.

Pero el balón no se detiene. Y mientras Galeano consumía los minutos de descuento, el fútbol fue fiel a sí mismo, improvisando el guion a cada instante. Como a él le gustaba. Así, en el estadio del Mediterráneo, el Almería se sacudía los miedos y se imponía con contundencia a un Granada perdido. Sergi, el nuevo amo del castillo, recolocó a Thievy, dio vida a un desterrado Espinosa y protagonismo al músculo de Thomas. Lo demás –cosas del fútbol– no pareció muy distinto.

Como le hubiera gustado a Galeano, el fútbol se permitió disfrutar de su felicidad. Habrá que confiar en que no fuera el destello efímero por la novedad y sí el inicio de una historia de vuelta al placer por el placer.

 

miércoles, 8 de abril de 2015

AMISTAD


Romario es uno de los jugadores más singulares de la historia del fútbol. Podríamos calificarlo como incisivo, habilidoso, indiscreto, eléctrico, impulsivo, creativo, soberbio y, por encima de todo, genial. Pero, como suele pasar con los personajes de un carisma como el suyo, su vida se presenta adornada de escándalos y polémicas. Adicto al protagonismo, el brasileño no sólo ha ocupado las portadas informativas por sus actuaciones sobre el césped. De él se ha dado buena cuenta periodística por su relación con un transexual, por su condena por fraude al fisco brasileño o por su afición a la noche carioca.

Así las cosas, casi todo lo que él opina o manifiesta suele tener trascendencia, y no fue menos cuando expuso que aquéllos con los que entrenaba no pasaban de ser compañeros, ya que en el fútbol no existe la amistad verdadera.

Imagino que no tiene que ser sencillo navegar entre la maraña de egos que habitan los vestuarios de los equipos profesionales. Jugadores preocupados por su imagen, sus contratos, sus beneficios y sus marcas personales. Y a pesar de todo, curiosa paradoja, teniendo que depender del otro para que el equipo gane. Porque el fútbol, después de todo –y sobre todo–, es un deporte de equipo.

Así que cuando Luís Enrique dijo que Sergi es su amigo y que espera que todo le vaya bien…, después del partido contra el Barcelona, no pude evitar que se me escapara media sonrisa. En cualquier caso, la suerte que el entrenador asturiano le desea a Sergi, es la suerte que el aficionado almeriense desea para el tercer ocupante del banquillo almeriense en lo que va de liga –sin contar el efímero trabajo de Miguel Rivera–. Porque de su buen hacer –fifa mediante– va a depender la continuidad del equipo en la máxima categoría nacional.

Este mundo del fútbol concede pocas treguas y las reflexiones apenas se sostienen colgadas del tiempo lo que tarda en llegar otro partido. Pero quizá sea el momento de detenerse un segundo y decidir el camino que queremos seguir.

miércoles, 4 de marzo de 2015

FIFA


Ya en la década de los ochenta del siglo pasado, poco después de que se celebrara en nuestro país el Mundial, el fútbol jugaba un papel similar en la sociedad al que juega a día de hoy. Por eso, todos los actores que conformaban el elenco que hacía posible la competición nacional –la Liga– concluyeron que no cabía otra posibilidad que no fuera profesionalizar la primera y la segunda división del fútbol de nuestro país. Pero cómo ejecutar ese plan generó una serie de fracturas entre los equipos involucrados y la Real Federación de Fútbol Española (la RFEF) que se saldó con la creación de la Liga Nacional de Fútbol Profesional (la LFP), con personalidad jurídica y autonomía propia, pero adscrita a la Federación.

Desde entonces, la relación entre ambas instituciones ha sufrido altibajos, hasta llegar al día de hoy donde los máximos dirigentes de ambos organismos –Ángel María Villar, de la RFEF, y Javier Tebas, de la LFP– se dirigen descalificativos personales e insultos a poco que a cada uno se le pregunte por el otro.

Por eso, cuando la semana pasada la FIFA pidió a la RFEF que quitara tres puntos al Almería por el supuesto impago de los intereses que el equipo tenía que pagar al Aalborg por el traspaso al Copenhague del jugador Jakobsen –que parece ser que no ha sido tal y que, en cualquier caso, ni siquiera llega a los cinco mil euros–, y tras manifestar la LFP que el Almería no tenía nada de qué preocuparse, estaba claro que este asunto se iba a convertir en un nuevo pulso entre los gallitos que dirigen, cual cortijos, sendas instituciones.

Lo malo de todo esto es que da igual que el Almería tenga o no tenga la razón. Tampoco parece importar que las partes implicadas estén a la espera de que el TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo) se pronuncie. Lo único que parece tener sentido es la capacidad de contradecir al otro de Villar y Tebas. Tal para cual y cual para tal. Mismo perro con diferente collar. Y mientras, el Almería, a verlas venir.
 

miércoles, 18 de febrero de 2015

HÉROE


En el último partido disputado en el Estadio de los Juegos Mediterráneos se enfrentó el peor equipo local (el Almería) al peor equipo visitante (la Real Sociedad), y ninguno se atrevió a romper el sortilegio que, a pesar de la estadística negativa, les mantiene fuera de los puestos de descenso. Así, después del partido, ambos mantuvieron su condición adversa y continuaron siendo los últimos en los cómputos parciales. Pero no nos engañemos; aunque el encuentro arrojó un resultado neutro, el partido fue entretenido. Hubo goles –que al fin y al cabo son el aderezo de este deporte–, hubo polémicas –que hacen más lenta y agradable la digestión de cada partido– y hubo un héroe.

Porque cuando Thievy –ese delantero de cresta desafiante y modales descuidados– pasó el balón a Hemed para que éste hiciera el segundo gol del Almería, la afición ya lo había encumbrado y lo aupaba con su ánimo. Y fue así porque se inventó un penalti que Verza convirtió en la primera ventaja del partido, porque caminó con destreza por la línea de fondo sentando por el camino a cuantos defensas donostiarras le salían al paso en la jugada del gol del delantero israelí y porque parecía el único con un punch definitivo.

Por eso y porque la afición anda necesitada de héroes. Pero no héroes en el sentido mitológico o épico del término, sino a esos héroes identificados con una causa, símbolo de un objetivo y blasón de un equipo. También es cierto que, aunque el último partido del congoleño lo elevara a los más considerados altares de la parroquia almeriense, me temo que su estancia en ese lugar será bastante efímera. Y es que desde que José Ortiz, el Gran Capitán, decidiera dejar la práctica del fútbol, la afición se haya huérfana de sentimientos que la conecten a sus jugadores. Porque él encarnaba el espíritu del equipo y porque su entrega, su juego y su devoción eran entendidos, respetados y admirados por todos y cada uno de los seguidores rojiblancos.

 

miércoles, 11 de febrero de 2015

JOGO


Tras perder las semifinales del Mundial de fútbol de 1990 frente a la selección germana, el mítico jugador inglés Gary Lineker pronunció una frase que ha pasado a la historia de este deporte: “En el fútbol juegan once contra once y al final siempre gana Alemania”. Del mismo modo, existen chascarrillos para calificar estilos de juego asociados a determinadas selecciones como son el tiki-taka español o el catenaccio italiano. Pero si hay uno que define a la perfección el estilo más reconocible, ése es el llamado jogo bonito brasileño.

Brasil es un país que vive de cara al balón. Y si bien no fueron ellos los creadores de este deporte, no les cuesta nada reconocerse como la tierra del fútbol. No sé si será la mezcla de razas o alguna casual combinación de folklores, la cuestión es que del mismo modo que resulta sencillo reconocer a un brasileño bailando samba, resultan inconfundibles jugando al fútbol.

El estilo es descarado, ofensivo, habilidoso, creativo y fluido, y de sus escuelas –callejeras casi siempre– han salido jugadores como Pelé, Sócrates, Ronaldo, Zico, Garrincha o Ronaldinho. Son exportadores natos de talento y no existe una liga profesional de cierto nivel en el mundo que no esté colonizada por sus jugadores. Y la española no es una excepción. De hecho, en nuestra competición se encuentran inscritos 28 brasileños esta temporada, y entre ellos destacan los internacionales Neymar, Marcelo o Dani Alves, y la reciente incorporación madridista Lucas Silva.

Pero también hay otros con menos lustre en equipos más modestos. Es el caso de Michel Macedo y Wellington Silva, en el Almería. Su aportación al equipo no es menor, y su juego, digno representante de su nación, responde a las características mencionadas antes.

Y precisamente de ese juego descarado y creativo nacieron los dos goles que le concedieron al Almería la victoria frente al Córdoba en la última jornada de liga. Una victoria vital porque, como dijo JIM, se trataba de una victoria de cuatro puntos.

 

miércoles, 4 de febrero de 2015

ONCE


Para encontrar las raíces del fútbol moderno tenemos que bucear hasta el Siglo XIX. Más concretamente, hasta el año 1863, cuando nació, al abrigo de una taberna londinense, la FA –asociación de fútbol inglesa– y estableció una serie de indicaciones que se iban a encargar de reglar el desarrollo del juego. Aquellas primeras normas son la base sobre la que se construyó el reglamento actual, pero dejaron una cosa en el aire: el número de jugadores.

Así, durante los años siguientes podían verse partidos donde compitieran quince contra quince o veinte contra veinte jugadores. Pero en 1870 se terminó con esta situación estableciéndose en once el número de futbolistas que tiene que formar cada equipo. No está claro el porqué de ese número. Unos defienden cuestiones prácticas y otros tiran de romanticismo, pero todo parece indicar que se copió del que era por entonces el deporte más popular en las islas británicas: el críquet.

La cuestión es que, aunque la mayoría de las normas establecidas en aquel primer reglamento han variado a lo largo del tiempo, la de jugar once contra once ha permanecido inmutable, adquiriendo dicho número un valor casi quimérico. Y así fue hasta que en los años sesenta el entrenador Helenio Herrera pronunció una lapidaria frase que aún hoy repiten muchos técnicos al quedarse en inferioridad numérica debido a una expulsión: se juega mejor con diez que con once.

La frase carece de lógica, pero de vez en cuando insiste en hacerse presente en los terrenos de juego, como sucedió en el último encuentro que disputó el Almería –frente al Getafe–. En este partido, el equipo de JIM dominó el encuentro durante una hora, momento en el que fue expulsado el defensa getafense Escudero. A partir de ahí, el centro del campo del equipo del sur de Madrid comenzó a fluir más y el Estadio del Mediterráneo llegó a temer revivir capítulos anteriores. Por suerte, el empuje de Pedro León y Diego Castro no fue suficiente y la victoria se quedó en casa nueve meses después.

 

 

miércoles, 28 de enero de 2015

BALANCE


La liga se abrió para el Almería con el calor de agosto en el cogote, el alboroto de la feria de fondo y la arena de la playa entre los dedos de los pies. En aquel primer partido de liga (aquél en el que el estadio se quedó a oscuras como metáfora de lo que iba a ser el juego del equipo en lo que restaba de encuentro) apuntábamos las que podían ser las líneas por las que se condujera nuestro equipo. Y hoy, media liga después y con enero casi agotado, el Espanyol de Barcelona se cruzó de nuevo en el devenir del equipo para recordarnos que hemos quemado la mitad de la munición. Así que toca mirar por el retrovisor, sin perder de vista el camino, para comprobar que el animal respira, pero la herida es profunda.

Las cabalgadas de Edgar siguen sin tener un objetivo claro la mayoría de las veces; Soriano y Corona suman veteranía al tiempo que restan fuerza; Hemed muestra su intermitencia para desesperación general; Teerasil no estuvo, aunque se le esperó; Thievy no ha acabado de definirse; y los jóvenes, que han tenido bastantes oportunidades, no terminan de aportar lo que se espera de ellos.

Con este panorama, y acudiendo a los resultados para comprobar que el equipo ha perdido todo lo jugado en casa salvo los tres raquíticos puntos obtenidos de sendos empates, sólo nos queda el ánimo de comprobar que nos encontramos a un punto de salir del descenso.

Por el camino, Francisco fue cesado y se contrató a JIM, cuyo bagaje en la primera división fueron dos experiencias muy distintas (Levante y Valladolid) y cuyo efecto se ha diluido demasiado pronto.

Pero si los entrenadores cuentan con los cambios para redirigir el rumbo de un partido, los presidentes cuentan con el mercado de invierno como una segunda oportunidad. El problema principal son los ajustes presupuestarios y la posibilidad de encontrar un jugador disponible que venga a mejorar la plantilla; el valor indudable, el escaparate de jugar en la mejor liga del mundo. Quedan pocos días y, todavía, algunas esperanzas.

 

miércoles, 14 de enero de 2015

INVIERNO


La mañana del domingo era tibia. El sol de invierno dibujaba colores claros en el paisaje almeriense y la luz de la ciudad se derramaba pausadamente por los huecos de la ciudad. La Navidad acababa de despedirse y aún sentíamos la mezcla de liberación y energía que nos emborracha los días de inmediatamente después. Ése era el ánimo con el que el aficionado llenó el Estadio de los Juegos del Mediterráneo en la última jornada de liga. Para terminar de configurar nuestro estado de felicidad contenida –la felicidad siempre es contenida para los equipos pequeños, y eso lo sabemos los aficionados–, JIM se estrenaba como local en liga con el aval de dos buenos resultados como visitante.

Por eso, la impresión de que la mala racha en nuestro campo estaba a punto de hacerse trizas se instaló en el sentir general de la grada. Además, la presencia en el banquillo contrario de ese amigo de la infancia que el aficionado siente que es Unai Emery, se presentaba como la señal inequívoca de que todo estaba por cambiar.

Pero el sueño se desmigajó al cuarto de hora de la segunda mitad. Podría llenar de excusas esta columna y utilizar términos como lógica, presupuesto, pegada o contundencia. Pero no voy a hacerlo. Podría lamentarme, pero me quedo con la resignación de la costumbre. Con eso y con el lugar que el equipo ocupa en la clasificación. Porque, después de todo y pese a no haber ganado ni un solo partido en casa en toda la primera vuelta, el equipo se encuentra fuera de los puestos que te arrojan al destierro de la Primera División. Y al final es lo único que cuenta.

También prefiero quedarme con el fichaje en el mercado invernal de Espinosa. Me gusta el tipo de jugadores por el que el equipo ha decidido apostar. Jugadores jóvenes, prometedores, brillantes pero sin experiencia, con un talento por demostrar y buenas maneras que pulir. Luego, será lo que los dioses del fútbol decidan. Pero la apuesta es tan inteligente como arriesgada. Tan loable como esperanzadora.

 

 

miércoles, 7 de enero de 2015

TÓPICOS


El fútbol es un terreno propicio para el abono de los tópicos. No hay crónica que se preste o análisis del comentarista de turno que no se adorne con uno. Los hay referidos a la grandeza del rival, a los sueños, al trabajo del equipo o a circunstancias del juego como el penalti. Pero hay uno que resulta inevitable cuando un entrenador es despedido y llega otro a ocupar su lugar, y es el siguiente: “a entrenador nuevo, victoria segura”.

Tal es la penetrancia de la frase, que incluso se han dedicado estudios a comprobar cuánto tiene de cierto. Y lo curioso es que según análisis sesudos al fútbol moderno, la afirmación sólo deja de cumplirse en la mitad de los casos. Cualquiera podría decir que este hecho demuestra que la sentencia carece de todo sentido, pero si tenemos en cuenta que cuando un equipo destituye a su técnico es porque, normalmente, encadena una serie de resultados bastante malos, entonces que en la mitad de los casos el equipo reaccione tras la llegada de un nuevo ocupante del banquillo es, por lo menos, significativo.

Otra cosa es tratar de dar explicación a este hecho, pero esa es una empresa en la que no voy a invertir. Lo único cierto, y que ahora me importa, es que tras la destitución de Francisco y la posterior llegada de JIM, el Almería no sólo ha ganado el partido en el que el técnico debutó sino que ha encadenado tres victorias seguidas. También hay quien lo llama “efecto JIM” para que no quepa la duda de a quién otorgar por completo el mérito de la reacción.
 
Y puede que algo de eso haya. Puede que el hecho de que la defensa haya aumentado la tensión, que la línea medular se haya retrasado unos metros y que Hemed ya los marque de dos en dos, sea fruto de la virtud del nuevo entrenador. Pero que nadie olvide que este cesto se teje con mimbres amasados por Francisco y que las teclas que esta vez suenan y se acoplan en consonancia ya fueron tocadas anteriormente sin la suerte que ahora reunimos.
 
 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

RAYUELA (HOPSCOTCH)



La mayoría de los escritores defienden que sólo son dueños de sus obras hasta que éstas se publican. En ese momento pasan a ser de cada lector. Como si con cada acceso a su contenido, el libro se reinventara. Como si la subjetividad de cada persona adaptara el texto y éste naciera cada vez envuelto en una atmósfera distinta. Pero si hay un libro en el que la relación con el lector es tan íntima que acaba convirtiéndolo en protagonista de la obra, ese libro es Rayuela, de Julio Cortázar. Escrito en París por el escritor argentino hace ahora cincuenta y un años, la obra fue calificada desde el principio como la “antinovela”, aunque su autor prefirió calificarla como “contranovela”, por la nueva relación que propuso con el lector.

Y algo de todo ello tiene el fútbol. Siempre he pensado que la relación de cada aficionado con su equipo, con su juego y con sus dinámicas, es tan personal que son precisamente esas múltiples impresiones las que alimentan la fascinación que genera este deporte. Aunque los medios de comunicación concedan el protagonismo más absoluto de cada partido a los jugadores, los entrenadores y, a veces –y aunque les pese–, también a los árbitros, conviene no perder de vista que son los aficionados los únicos que justifican que la rueda siga girando.

Y tengo la impresión de que JIM, el nuevo entrenador del Almería, lo entiende de un modo similar. Al menos eso fue lo que pensé cuando lo escuché decir que del partido contra el Madrid había sacado “cosas positivas”. Para mí no fue casual que no entrara a matizar cuáles fueron esas cosas, y considero que sólo buscó subjetivar a su favor las impresiones de cada aficionado con el equipo. Probablemente sea cierto que vio elementos para creer en el grupo, pero lo que quiso verdaderamente es que cada uno encontrara sus propios argumentos. Porque, a mi parecer, la situación en la que el Almería se encuentra es reversible, pero me temo que salir de ahí no va a ser sólo trabajo del míster.

 

 

(Traducción de Alejandro Reyes León)
Most writers defend that they are only the owners of their works until these are published. At that moment, they belong to each writer. This is as if the book reinvented itself after each access to their content. It is as if each person’s subjectivity adapted the text, being born covered by a different atmosphere each time. But if there is a book in which the relationship with the reader is so intimate that makes him/her the protagonist of the work, that book is Rayuela (Hopscotch) by Julio Cortázar. It was written in Paris by the Argentinean writer fifty-one years ago. From the beginning, the work was considered as the “anti-novel,” although his author preferred to qualify it as “counter-novel” because of the new relationship proposed for the reader.

And football has something of all this. I have always thought that the relationship between each supporter and his/her team, its play and dynamics is so personal that those multiple impressions are precisely the ones that feed the fascination generated by this sport. Although mass media gives much more importance of each game to players, coaches and, sometimes –although they do not like it– also to referees, we should not forget that supporters are the only ones that justify that the wheel continues spinning.

And I have the impression that JIM, Almería’s new coach, understands this in a similar way. At least, this was what I thought when I heard him saying that he had observed “positive things” during the match against Madrid. For me, it was not by chance that he did not explain these things and I consider that he only wanted to subjectivize the impressions of each supporter concerning the team on his behalf. Probably, it is true that he saw elements to have faith in the group, but he truly wanted each person to find his/her own arguments. Because, from my point of view, Almería’s situation is reversible but I am afraid that solving it is not only coach’s work.

 

 

 

 





miércoles, 10 de diciembre de 2014

FRANCISCO




La derrota con el Eibar ha sido la lanza que ha terminado matando a Francisco. No ser capaz de ganar en las últimas ocho jornadas es un equipaje difícil de cargar en el fútbol actual. Y, como suele argumentarse en situaciones similares, la solución pasa por echar al entrenador o por cambiar a la mitad del equipo. Pero la segunda de las opciones es poco práctica y muy costosa, por lo que casi todos –defensores o detractores del entrenador– han interpretado la decisión que Alfonso García tomaba en la mañana de este pasado martes como la menos dramática.

Y todo ello a pesar de que el equipo no ha estado ni una sola jornada de la presente liga en puestos de descenso; todo ello a pesar de que la ineficiencia demostrada por nuestros delanteros nos coloca sólo por delante del Granada en cuanto a bagaje goleador; todo ello a pesar de que la confianza en el entrenador la temporada pasada acabó salvando al equipo; y todo ellos aun sabiendo que la decisión tomada no es sinónimo de nada.

Francisco ya pertenece al pasado (el fútbol no espera), y sólo cabe hablar de él en esos términos. Pero las valoraciones ahora tienen el valor efímero del momento. Tendremos que dejar que pasen los meses, o quizá los años, para poner en valor –o no–, lo que este hombre ha hecho por el equipo. Equipo del que aún es el máximo goleador (con cuarenta y cinco aciertos) y el entrenador con más partidos disputados en primera división (cincuenta y dos).

Suenan a lo lejos, como sustitutos de Francisco, las voces de viejos lobos conocidos de oídas. Algunos ilusionan y otros generan más indiferencia que interés. En el momento de cerrar esta columna, el nombre del nuevo capitán del barco es todavía una incógnita. Lo que es seguro es que no le queda un trabajo sencillo, y menos aún si el mercado invernal no viene con jugadores nuevos. Me temo que no será la última vez que tengamos que hablar de Francisco; aunque sólo sea como vara de medir los capítulos que quedan por escribir.


 

 
(Traducción de Alejandro Reyes León)
The defeat against Eibar has been the spear that has finally killed Francisco. Not being able to win during the last eight matches is a difficult luggage to carry in current football. And, as argued in similar situations, the solution is firing the coach or changing half of the team. But the second option is little practical and very costly, so almost everybody –advocates and detractors of the coach– have interpreted the decision Alfonso García made last Tuesday in the morning as the least dramatic one.

All this takes place despite the fact that the team has not been in relegation positions for a single day during the current league, despite the inefficiency showed by our forwards which places us only before Granada concerning our scoring statistics, despite the fact that confidence in the coach ended up saving the team last season and even knowing that the decision made is not a synonym of anything.

Francisco already belongs to past (football does not wait), and it is only possible to speak about him in such terms. But now assessments have the ephemeral value of the moment. We will have to wait for some months, or maybe years, to value –or not– what this man has done for the team. A team in which Francisco is still the top scorer (forty five goals) and the coach with more matches played in the first Spanish division (fifty two).
As substitutes for Francisco, some voices of little known “old wolves” can be heard in the distance. Some of them inspire hope and other ones create more indifference than interest. At the moment of finishing this column, the name of the new captain of the boat is a mystery yet. What seems certain is that he will not have an easy task, even less if the winter transfer market does not bring any new players. I am afraid this will not be the last time we have to speak about Francisco although it is used as a yardstick for measuring the chapters that are going to be written.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

PREOCUPACIÓN (WORRY)


Preocupación. Eso es lo que me abotarga desde que el pasado domingo muriera un seguidor radical del Deportivo de la Coruña. Y no por el fallecimiento, sino por el contexto en el que se produjo y por algunas de las respuestas que ha generado.

Como digo, el fallecimiento en sí no me desvela porque, dadas las circunstancias, entraba en el campo de lo probable. Cuando en la edad media o en el lejano oeste dos personas se citaban en duelo, lo más probable es que una de ellas acabara muriendo. Sabían a lo que iban. Así que ahora, si dos bandos se citan para pasar las horas previas a un partido de fútbol atizándose con barras de hierro, la posibilidad de un fatal desenlace existe.

Pero sí que me preocupa el contexto. Me preocupa que los ultras de los equipos de fútbol politicen su actividad. Me preocupa que encuentren parapeto en el fútbol. Me preocupa su impunidad. Y me preocupa que la gente del fútbol piense que no va con ellos.

Porque Cerezo se apresuró a decir que los actos no tenían nada que ver con el Atleti ni con el Deportivo, mientras que Simeone decía que el problema es de la sociedad. Estos comentarios me resultan tan alarmantes como si los políticos dijeran que el problema de la corrupción es de la sociedad, o la iglesia, que el problema de la pederastia es de la sociedad. La sociedad. Ese ente que se traga y digiere las responsabilidades. Como si el fútbol -o la política, o la religión- existiera en un plano distinto al de la sociedad. Como si lo que en él pasara no tuviera trascendencia en esa lejana masa que conforma la sociedad.

La pelea no se produjo en el contexto de un campeonato del mundo de Fórmula 1 o con motivo de una corrida de toros. Se produjo porque horas después se enfrentaban dos equipos de fútbol. Y el fútbol tiene que ser contundente. Si la basura no sale del fútbol, el fútbol terminará por convertirse en basura.

A todo esto, el Almería volvió a perder. Esta vez frente al Rayo. ¿Pero qué más da? Al fin y al cabo, es sólo fútbol.

 

 (Traducción de Alejandro Reyes León)

Worry. This is what torments me since a radical supporter of Deportivo de la Coruña died last Sunday. And it is not due to the death but the context in which it took place and some of the answers that it has generated.

As I have said, the death itself does not keep me awake because, considering the circumstances, it was something likely. During the Middle Ages or the Wild West, if two people made an appointment to duel, the most likely outcome was the death of one of them. They knew what was going to happen. So now, if two sides set a date to spend the hours before a football match striking each other with iron bars, the possibility of a fatal ending exists.

But the context worries me. I am concerned that fanatics of football teams politicize their activity. I am concerned that they find a parapet in football. Their impunity worries me. And I am concerned that people involved in football think this is far beyond them.

Because Cerezo was quick to say that these acts had nothing to do with “Atleti” or Deportivo, whereas Simeone said that the problem belongs to society. For me, these comments are as alarming as if politicians said that the problem of corruption belongs to society, or as if the Church said that the problem of pederasty belongs to society. Society: that being that swallows and digests responsibilities. As if football –or politics or religion– existed at a different level from the one of society, as if what happens in it was not of enormous importance for that far multitude that forms society.

The fight did not take place in the context of a Formula 1 Championship or because of a bullfight. It took place because two football teams played a match a few hours later. And football must be conclusive. If rubbish does not leave football, football will become rubbish finally.
By the way, Almería lost again, this time against Rayo. But what differrence does it make? It is just football after all.
 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

CERO (ZERO)


La semana pasada nos enteramos por la prensa de que un arqueólogo matemático había encontrado en la profundidad de la jungla de Camboya la primera evidencia escrita del número cero. Lo que resulta curioso es que este dígito tiene “sólo” mil quinientos años. Ni fenicios, ni griegos ni romanos los usaron, y no penetró en Occidente hasta hace apenas ocho siglos. Hoy nos resulta imposible imaginar el mundo sin el número cero y explicar partidos como el que enfrentó al Almería con el Granada sería una iniciativa imposible.

Y no sólo porque el resultado final del partido fuera de empate a cero, sino porque el resumen mismo del partido encuentra razón de ser en la redondez del cero más absoluto. Cero al ataque del Granada, el equipo menos efectivo de toda la liga –sólo ha marcado en cinco de los doce encuentros jugados, y sólo en uno de ellos, en la primera jornada, ha marcado más de un gol–; cero a la línea de creación del Almería; cero a la capacidad de reacción de Francisco, que se dejó dos cambios en la guantera por miedo a que el equipo se le descompusiera; y cero a Ramón Azeez.

El fútbol africano es anárquico, divertido, ruidoso, desordenado, explosivo, dinámico, caótico, imprevisible y físico. Y esa mezcla, a veces te da y otras veces te quita. Desde los años ochenta se viene diciendo que está cerca el día en el que una selección africana llegue a la final de un campeonato del mundo. Los tres lados del triángulo que asegura el éxito en este deporte son la táctica, el físico y la técnica. Con la globalización del fútbol y la llegada de entrenadores europeos a su continente, se contaba con salvar las diferencias tácticas existentes en aquel momento. Y sin ese escollo, su físico sería la mejor arma contra la técnica sudamericana (y ahora también española). Pero las citas siguen cumpliéndose y los equipos africanos permanecen donde estuvieron. Imagino que el fútbol tiene su adn ligado de alguna forma al lugar donde se juega. Y lo mismo pasa con sus jugadores.

 

 
(Traducción de Alejandro Reyes León)
Last week we discovered, by means of press, that a mathematical archaeologist had found the first written evidence of the number zero in the depths of the jungle in Cambodia. It is interesting that this digit is “only” one thousand five hundred years old. Phoenicians, Greeks or Romans did not use it and it did not spread across the Western world until barely more than eight centuries ago. Nowadays, it is impossible to imagine the world without the number zero and explain matches as the one Almería and Granada played would be an impossible initiative.

This is so not only because the final outcome of the match was a goalless draw, but also because the summary of the game finds its raison d’être in the roundness of the most absolute zero. Zero for Granada’s attack, the least effective team of all the league –it has only scored in five out of twelve matches played and only in one of them, during the first day of competition, it scored more than one goal–; zero for Almería’s midfield; zero for Francisco’s reactivity as he did not make two of the substitutions because he was in fear that the team could decompose; and zero for Ramón Azeez
African football is anarchic, funny, noisy, messy, explosive, dynamic, chaotic, unpredictable and physical. And that mixture sometimes gives you something and, other times, it takes away. Since the eighties, it is said that the day in which an African national team will play a World Cup Final is near. The three sides of the triangle that guarantee the success in this sport are tactics, physical strength and technique. By means of the globalization of football and the arrival of European coaches to the continent, the tactical differences that existed at that moment were supposed to be overcome. And without that obstacle, their physical strength would be the best weapon against South American technique (and also Spanish now). But time continues passing and African teams stay where they were. I suppose that football has its DNA linked to the place where it is played somehow. And this is also the case with its players.
 
 

miércoles, 19 de noviembre de 2014

GIGANTES (GIANTS)


Tras la aventura de los molinos de viento, la gran preocupación de don Quijote se centraba en recuperar la lanza que destrozó al chocar contra el primero de los imaginarios gigantes. Su honor estaba herido, pero en su cabeza ya se había instalado la necesidad de buscar nuevas hazañas. Es lo que tiene la heroicidad, la inconsciencia en la batalla o la pelea desigual. Y algo de todo ello tiene el fútbol.

Esta semana el Almería ha presentado el presupuesto de la actual temporada, que es de unos 25 millones de €, y en él tiene que hallar las herramientas que le permitan enfrentarse a clubes gigantes. La política, en beneficio del espectáculo, lleva tiempo buscando fórmulas para eliminar algunos de los escalones que separan a los equipos de la liga, y para entender cómo lo hace tendríamos que entrar a desglosar los conceptos que justifican sus ingresos. En el caso del Almería, 18 millones corresponden a derechos televisivos, algo menos de 2 lo aportan los aficionados con el pago de sus abonos, y el resto –unos 5–  se debe a conceptos diversos como publicidad o merchandising. Como se ve, para un club pequeño como el nuestro, la televisión puede suponer hasta el 75% de sus ingresos, mientras que para equipos grandes, con un amplio entramado social detrás, las televisiones apenas alcanzan a cubrir el 25% de éstos.  

Por lo general, los equipos modestos no suelen levantar la voz. Mejor eso que nada. Y una liga sin los dos grandes haría que sus derechos televisivos, prácticamente desaparecieran. Pero ahí es donde entra, como decía antes, la política, que prepara un Real Decreto para equilibrar el reparto. Mediante este Decreto, la mitad del dinero de las televisiones –unos 500 millones– se repartirá equitativamente entre todos los clubes de primera, mientras que la otra mitad se hará atendiendo a razones histórico-deportivas. Para eso aún habrá que esperar un par de temporadas, pero igual para entonces los molinos no son tan gigantes.


 

 
(Traducción de Alejandro Reyes León)
After the adventure of the windmills, don Quijote’s big worry focused on recovering the spear he destroyed when crashing into the first imaginary giant. His honour was hurt but, inside his head, the need of looking for new great feats had already settled down. This is what heroism, impulsiveness during the battle or unequal fights present. And football has something of each of them.

This week, Almería has showed the budget of the current season, which is about 25 million euros, and in it the club has to find the tools that allow it to face gigantic clubs. Politics, for the sake of the show, has been looking for systems to eliminate some of the steps that separate the teams of the league for a long time now. To understand how it is doing this, we would have to break down the sources that prove their incomes. In the case of Almería, 18 million euros correspond to television rights, a bit less than 2 million euros are provided by the supporters by means of the payment of their season-tickets and the rest –around 5–, is due to different sources such as advertising or merchandising. As can be seen, for a little club as ours, television can mean up to 75% of the income whereas for the big teams, with a large social framework supporting them, television barely means 25% of the income.

Usually, modest teams do not raise their voices. This is better than nothing. And a league without the two big teams would almost make their television rights disappear. But here is, as I said before, where politics comes into the picture. It is preparing a Royal Decree to balance the distribution. By means of this Decree, all the clubs of the first division will divide up half of the money of television –around 500 million euros– whereas the another half will be distributed according to historical and sports reasons. But for that, we will have to wait a couple of seasons yet but, perhaps, mills are not so gigantic by this time.

 

 
 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

BARCELONA

Cuando los equipos modestos de la competición se cruzan en el camino casi siempre lineal de Madrid o Barcelona, el carácter épico que de por sí tiene un partido cualquiera adquiere una dimensión especial. Porque enfrentarse a un club cuyo presupuesto multiplica al tuyo te otorga licencias que no existen en otros partidos. Cuando la derrota se antoja como la situación ineludible, la pelea desigual a veces genera héroes.

Además, los días previos al partido, los focos buscan al entrenador del equipo pequeño, las cámaras guían cada paso de jugadores poco mediáticos y las ciudades de la periferia mudan su pelaje futbolístico para hacerse más presentes en el mapa deportivo. Luego, cuando el partido acaba, las luces desaparecen y los análisis se resumen en valoraciones ramplonas centradas en el equipo grande. Así, si uno leyera la prensa deportiva nacional sin haber asistido al encuentro que el equipo de Francisco jugó contra el Barcelona, creería que no hubo mérito en el juego almeriense y que el corto resultado para los catalanes se debió sólo a una suerte de calamidades, ajenas al Almería, que hicieron que el equipo jugara el peor partido de lo que va de liga, como apuntó Luis Enrique, olvidando el juego de espaldas de Soriano, las cabalgadas de Thievy o la seguridad defensiva en la medular.

Pero eso no debe importarnos. Lo que hay que pensar es que lo que no vale para ganar al Barcelona puede valer en la mayoría de los partidos en competición. Estoy seguro de que Francisco lo vive así y que andará dándole vueltas a esta idea hasta que el fútbol vuelva. Mientras, por esos enredos del destino, en la misma semana en la que la liga nos regala un descanso, un paisano nuestro, proclamado ganador de un concurso nacional entre más de mil propuestas, cumplirá su sueño de grabar junto al mar dirigiendo una orquesta sinfónica. Será el sábado, en la capital, y la música se fundirá con el sonido del atardecer y el rumor de la sal. Porque no sólo de fútbol vive el hombre.


 

 
(Traducción de Alejandro Reyes León)

When the humble teams of the competition stand in the almost always lineal way of Madrid or Barcelona, the epic character that any game has in itself acquires a special dimension. Because facing a club whose budget is much higher than yours gives you licences that do not exist with other matches. When the defeat seems to be the inevitable situation, the unequal fight sometimes generates heroes.

In addition, during the run-up days to the match, spotlights look for the coach of the small team, the cameras guide each step of those players who are not really famous and surroundings shed their football fur to make themselves more present in the sports map. Then, when the match finishes, lights disappear and analyses are mainly coarse valuations focused on the big team. In this way, if someone read the national sport press without having attended the game that Francisco’s team played against Barcelona, he or she would believe that there was no merit in Almería’s game and that the discrete outcome for the Catalans only took place due to a series of calamities, alien to Almería, which made the team play the worst match of all the league up to now, as Luis Enrique pointed out, forgetting how Soriano played back towards the opponent, Thievy’s raids or the defensive security in the midfield.
But we should not care about this. What we have to think is that what does not work to defeat Barcelona may work for most matches of the competition. I am sure that Francisco sees it in this way and will be thinking about this idea until football comes back. Meanwhile, because of those tangles of fate, the same week in which the league gives us a break, a person from our same town was proclaimed winner of a national competition with more than a thousand proposals. He will fulfil his dream of recording next to the sea while conducting a symphonic orchestra. It will be on Saturday, in the capital, and the music will merge with the sound of dusk and the murmur of salt… because the man does not only live off footba

 

 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

ERRORES (MISTAKES)


Michel Platini, antes de convertirse en un político del fútbol, pasó por ser uno de los mejores jugadores que ha dado este deporte. De hecho, consiguió tres veces consecutivas hacerse con ese balón de oro por el que hoy se enzarzan en una luchan continua Cristiano Ronaldo y Leo Messi, y es considerado por la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol como el mejor futbolista francés del siglo XX. Era creativo, desbordante, sumamente técnico y un goleador imaginativo. Un futbolista total. Un futbolista con una inteligente visión del fútbol tanto dentro como fuera del campo.

Una vez, haciendo alarde de esa inteligencia y después de ser preguntado por los errores cometidos por un contrario, Platini dijo que el fútbol está hecho de errores, porque el partido perfecto terminaría con un cero a cero. Y, en esencia, tiene razón. En un encuentro de noventa minutos, la casi nunca aleatoria combinación de errores de uno y aciertos de otro es la que suele inclinar el marcador de un lado o de otro.

Así fue el pasado domingo en el partido que el Almería jugó contra el Levante. Dos fallos puntuales –uno de Mauro Dos Santos y el otro de Dubarbier– le condenaron a la derrota. Y así lo manifestó Francisco en rueda de prensa. Él incluso llegó a hablar de “errores infantiles”. Un mal pase y una falta innecesaria. Pecando de reduccionista, podríamos decir que ése sería el resumen de un partido sin suerte. Pero no estaríamos siendo justos… El equipo falló en momentos puntuales, pero no fue sólo eso. El análisis del partido da para mucho más. Da para darse cuenta de que el centro de campo sigue sin funcionar; que Corona y Soriano aportan mucho con su juego, pero ninguno de los dos está para noventa minutos, condicionando así los cambios; que Edgar se convierte en un soldado tan valiente como egoísta cuando suenan las sirenas; y que los delanteros continúan en su naufragio. Los errores se pagan, es cierto; sobre todo cuando faltan los aciertos.

 

 

(Traducción de Alejandro Reyes León)

Michel Platini, before becoming a politician of football, was one of the best players that this sport has given. In fact, he won the Ballon d’Or three consecutive times, for which Cristiano Ronaldo and Leo Messi get into a continuous fight nowadays, and he is considered to be the best French football player of the XX century by the International Federation of Football History & Statistics (IFFHS). He was creative, destabilizing, extremely technical and an imaginative goal scorer, a total football player, a football player with an intelligent vision of the game both inside and outside the pitch.

One time, boasting about that intelligence and after being asked about the mistakes made by an opponent, Platini said that football is made of mistakes because the perfect game would finish in a goalless draw. And, in essence, he is right. During a ninety-minute game, the almost never random combination of mistakes of one team and good moves of the other team is what usually tilts the scoreboard towards one side or the other.

This is what happened during the game that Almería played against Levante last Sunday. Two specific mistakes –one made by Mauro Dos Santos and another one by Dubarbier– condemned the team to the defeat. And this is what Franscisco said during the press conference. He even talked about “childish mistakes”: a bad pass and an unnecessary foul. Being simplistic, we could say that this would be the summary of a game without luck. But we would not be being fair… The team failed at odd moments, but it was not only that. The analysis of the game is much more than that. It can be noticed that the midfield still does not work; that Corona and Soriano contribute a lot by means of their play but none of them stands up to ninety minutes, conditioning the substitutions in this way; that Edgar becomes both a brave and selfish soldier when the sirens are sounding; and that the forwards are still collapsed. Mistakes are paid, that is true; especially when good moves are missing.

 

miércoles, 29 de octubre de 2014

DUDAS (DOUBTS)




Para los puristas, el fútbol se juega a tres velocidades. Al paso en defensa, al trote en el medio campo y al galope arriba. Y si intentamos interpretar el juego que el Almería hizo el pasado sábado frente al Athletic de Bilbao, utilizando como referencia esta máxima, tendríamos que decir que los defensas y los delanteros ajustaron de manera razonable su fútbol a la velocidad que les correspondía, pero que el centro del campo se perdió en buscarla.

Y hablar del centro del campo es volver a hablar del trivote. Francisco ha utilizado en dos ocasiones este sistema de juego en casa y las dos veces ha perdido (frente al Atlético de Madrid y frente al Athletic de Bilbao). Por el contrario, hacerlo lejos del Mediterráneo ha hecho que el equipo se coloque octavo en una hipotética clasificación foránea. Y todo esto genera dudas en el entrenador. Tantas que en cuanto las cosas se tuercen, renuncia a sí mismo y deshace el sistema. Y así sucedió en el último encuentro. Después de que Etxeita marcara un gol adornado de rechaces y despropósitos –como no podía ser de otra manera, dada la calidad del juego practicada durante todo el partido por ambos equipos–, Francisco retiró del campo a dos de los tres jugadores que formaban el trivote (Azeez y Verza) y reordenó el equipo.

El resultado de la estrategia no fue bueno y el juego mantuvo su pobreza, lo que hace que crezcan las dudas. Y a todo ello se le suma que Teerasil ni se vistiera –no fue convocado– y que Quique González no jugara ni un minuto. A falta de juego, los goles suelen ser un buen analgésico, pero cuando los entrenadores se enredan en un nudo de indecisiones, no suelen llegar ni el uno ni los otros. Mientras el entrenador se entretiene en decidir a qué va a jugar el equipo, ha perdido la confianza en dos de sus cuatro delanteros. Confiemos en que pronto dé con la tecla y el fútbol, como los goles de los delanteros del equipo, aparezcan de una vez.


 

 

(Traducción de Alejandro Reyes León)

For purists, football is played at three speeds: pace for defenders, trot for midfielders and gallop for forwards. And if we try to interpret the game that Almería carried out against Athletic Club de Bilbao last Saturday, using this key principle as a reference, we would have to say that the defenders and forwards adjusted their play to the corresponding speed in a reasonable way, but the midfielders got lost while looking for it.

And speaking about the midfield is speaking about the “trivote” again. Francisco has used this game system at home twice and, in both occasions, he has lost (against Atlético de Madrid and against Athletic de Bilbao). On the contrary, using it far from the Mediterranean Sea has made the team be eighth of a hypothetical league table as visiting team. And all this leaves the coach with doubts, so many doubts that as soon as things go wrong, he renounces himself and undoes the system. And this happened during the last match. After Etxeita scored a goal embellished with rebounds and absurdities –as could not be otherwise, considering the quality of the game played by both teams during the whole match–, Francisco substituted two out of three players that constituted the “trivote” (Azeez and Verza) and reordered the team.

The result of the strategy was not good and the play maintained its line, which makes doubts grow. In addition, Teerasil did not even get dressed –he was not selected– and Quique González did not even play a minute. In the absence of play, goals are usually a good analgesic but, when coaches tangle with a knot of indecisions neither good play nor goals take place. While the coach is distracted by deciding what the team is going to play, he has lost confidence in two out of four forwards. Let us hope that he will hit the nail on the head soon so good football as well as goals scored by the forwards of the team finally appear.

 
 

miércoles, 15 de octubre de 2014

UNIÓN Y CALMA (UNITY AND CALM)



En fútbol, salvo que cuentes en tu equipo con la salvaje exquisitez de un Cristiano Ronaldo o de un Leo Messi –deportistas que trascienden del terreno de juego–, se asume que es más importante hacer un grupo fuerte que fiarse de las genialidades de determinados jugadores. Porque la suma de todos es lo que realmente hace sólido al conjunto. Y en torno a ese punto suele girar el alegato de personajes tan notables y tan distintos del mundo del fútbol como lo fueron, por poner sólo un ejemplo, Alfredo Di Stefano y Luis Aragonés. Una frase de cada uno de ellos resume esta filosofía. La primera, de la Saeta rubia, decía que “nadie es tan bueno como todos juntos”. Y la segunda, del Sabio de Hortaleza, lo que venía a decir era que cogió “una selección y dejó un equipo”, en referencia al grupo con el que ganó la Eurocopa de 2008. Y alejarse de ese discurso es osado y peligroso porque este deporte, a cada poco, pone las evidencias sobre el tapete.

Francisco, hace unos días se agarró a esta línea argumental para mostrar su agrado y pedir prudencia a la vez, que es otra de las máximas de cada entrenador. Porque es sabido que el fútbol castiga a quien se reboza en la complacencia. Y pedía cautela mientras alababa al grupo, con maneras de buen entrenador. Su disertación presenta pocas dobleces. No es un entrenador, como puede serlo Juanma Lillo –un ex del Almería– de filosofía profunda y frases lapidarias, pero tampoco suele errar en el mensaje. Y esta vez de lo que habla es de cautela y del poder del bloque.

Y lo hace asiéndose a los datos. Porque sólo el Barcelona y el Valencia han recibido menos goles que el Almería, después de siete jornadas de competición. Porque el equipo lleva seis puntos más que en el mismo punto de la liga pasada. Porque se haya cómodamente instalado en mitad de la tabla. Y porque las sensaciones no son malas. Pero Francisco sabe que todo puede cambiar de un día para otro. Por eso pide calma. Y por eso pide unión.


 

 
(Traducción de Alejandro Reyes León)
In football, unless you have in your team the wild excellence of someone like Cristiano Ronaldo or Leo Messi –athletes that go beyond the playing field–, it is assumed that it is more important to get a strong group rather than trust the brilliances of certain players. Because the sum of everybody is what really makes the whole solid. And the allegation of really notable and different personalities of the world of football such as, to give just an example, Alfredo Di Stefano and Luis Aragonés usually deals with that point. A sentence of each one summarizes this philosophy. The first one, by ‘La Saeta Rubia,’ said that “nobody is as good as the group.” And the second one, by ‘El Sabio de Hortaleza,’ would mean that he took “a national team and left a group,” in reference to the group with which he won the European Championship in 2008. And getting away from that speech is audacious and dangerous because this sport, at short intervals, brings evidence into the open.

Some days ago, Francisco used this line of argument to show his happiness and urge caution at the same time, which is another key principle of each coach because it is well known that football punishes those who cover themselves in satisfaction. And he urged caution while praising the team, with manners of a good coach. His reflection presents little duplicity. He is not a coach as Juanma Lillo –an Almería’s former coach– with a deep philosophy and solemn sentences, but he usually does not make a mistake concerning the message. And this time, he speaks about prudence and the power of the group.

And he does this clinging to statistics because only Barcelona and Valencia have let fewer goals in than Almería, after seven days of competition, because the team has six points more than at the same moment of the previous league, because it has settled in the middle part of the table comfortably and because feelings are not bad. But Francisco knows that everything can change from one day to the other. That is why he asks to calm down. That is why he asks for unity.

miércoles, 1 de octubre de 2014

LA GUERRA (THE WAR)


Tras ganar al Almería, el Cholo Simeone dijo que “la estrategia es parte del juego”. Pero no es sólo eso. La estrategia también es parte de las finanzas y el marketing, del desarrollo de una campaña electoral o de las conquistas amatorias. La estrategia es fundamental en la vida y en la guerra. Y esto no es algo que suene a nuevo. Sun Tzu fue un escritor, filósofo y militar de la antigua China que hace más de dos mil quinientos años escribió un libro titulado El arte de la guerra, en el que la estrategia ocupa un lugar fundamental en la preparación de cualquier enfrentamiento bélico.

No resulta complicado establecer relaciones entre el fútbol y la guerra. El lenguaje futbolístico se alimenta de todo un discurso más propio del campo de batalla que de los terrenos de juego. Términos como ariete, defensa o disparo se cuelan con absoluta normalidad en las crónicas deportivas y adquieren sentido propio, más allá de la metáfora que en su origen representaron.

En el fútbol del siglo XXI el margen para la improvisación se ha reducido considerablemente. Y esto es así, básicamente, por dos razones: el entrenamiento físico (acompañado de un dieta cuidada) con el que el deportista alcanza un estado de forma óptimo a lo largo de casi toda la competición; y el desarrollo de estrategias que minimizan las diferencias técnicas entre unos jugadores y otros (unos equipos y otros).



Bien es cierto que luego los entrenadores tratan de relativizar la importancia de la estrategia. El propio Simeone lo hizo tras ganar en el estadio de los Juegos del Mediterráneo diciendo que la jugada ensayada se pudo ejecutar porque previamente se había generado el córner en una acción de puro talento. Y es verdad, pero el talento a un jugador profesional se le supone; como al soldado el valor. Y al final, en la guerra, como dice el proverbio chino, el clavo de una herradura puede hacer ganar la batalla.

 



 


 
 (Traducción de Alejandro Reyes León)
After defeating Almería, el ‘Cholo’ Simeone said that “strategy is part of the game.” But it is not only that. Strategy is also part of finances and marketing, the development of an electoral campaign or love conquests. Strategy is fundamental in life and war. And this is not something new. Sun Tzu was a writer, philosopher and military man of Ancient China that, more than two thousand and five hundred years ago, wrote a book titled The Art of War, in which strategy has a fundamental place in the preparation of any war confrontations.

It is not hard to make a connection between football and war. Football language is nourished by a discourse which is typical of the battlefield rather than the pitches. Terms such as striker*, defender or shot seep in through sports columns with total normality and gain suitable meaning, beyond the metaphor they represented originally.

In football of the 21st century, the time allowed for improvisation has been reduced considerably. And, basically, this is so because of two reasons: physical training (together with a well-adjusted diet) that makes the athlete reach an optimal shape throughout most of the competition, and the development of strategies that minimise the technical differences between some players and other ones (some teams and other ones).

Then, it is also true that coaches try to diminish the importance of strategy. Simeone himself did this after winning in ‘Juegos del Mediterráneo Stadium’ saying that the textbook move could be carried out because, previously, the corner had been generated by means of an action of pure talent. And it is true, but talent is assumed for a professional football player, in the same way as courage is assumed for a soldier. And at the end, in war, as the Chinese proverb says, the nail of a horseshoe can win the battle.

 * "battering ram" is equivalent to "ariete" and maintains this warlike sense although it is not used in the sports field but the military one.